La locura en el cine y las letras (I)
A continuación presento un mini-ensayo de lo más friki publicado hace tiempo en algún blog primerizo de cuyo nombre no quiero acordarme...
La película "Donnie Darko" es un reciente acercamiento (Richard Kelly, 2001) al tema de la locura como tema genérico y, más concretamente, a las paranoias, alucinaciones, desdoblamientos e incluso conductas esquizofrénicas o amnésicas. Todas estas patologías psicológicas se abordan, directa o indirectamente, en el film. La presencia fantasmagórica del inquietante conejo antropomorfo recuerda vivamente a la gigantesca mascota
imaginaria llamada Harvey que acompaña constantemente a James Stewart en la película “El invisible Harvey” (Harvey, Henry Koster, 1950). Este film trata el tema de la locura desde una óptica de realismo mágico, casi infantil. El conejo resulta ser un “pooka”, un espíritu de la mitología celta que podemos relacionar con una especie de ángel de la guarda que acompaña y protege al protagonista, que destaca por su buen humor, candidez y bondad desinteresada, algo que resulta extraño en una sociedad hostil y desconfiada; en efecto, el protagonista pronto recala en un manicomio, recluido por voluntad de su familia, harta de escuchar y ver actuar a su allegado como si de verdad existiese Harvey.
En esta película el conejo resulta ser una metáfora de las ganas de vivir, de la alegría y la bondad, algo inusual en nuestro tiempo; algo que pasa desapercibido para casi todo el mundo (Harvey es invisible) y que hace parecer ingenuo y poco cuerdo a los que siempre están de buen humor, sonriendo y que hacen buenas acciones sin pedir nada a cambio (James Stewart es confinado en un manicomio). Finalmente, Harvey es requerido por más gente: se han dado cuenta de que sus vidas necesitan alegría y serenidad.
Como se puede comprobar, el tratamiento del tema aquí es alegórico, aunque las secuencias del manicomio estén narradas con realismo. Esta obra recuerda otras guiadas por el mismo espíritu (se ha llamado el espíritu del “New Deal” roosveltiano), como por ejemplo “¡Qué bello es vivir!” de Frank Capra, también protagonizada por Stewart (ambos son paradigmas de este tipo de cine).
Pues bien, Harvey poco tiene que ver con el misterioso ser-viajero del tiempo que vislumbra Donnie Darko. En este film la locura es relativa: por loco toman a Donnie las personas que no conocen los sucesos inverosímiles que le ocurren; no obstante, el espectador sí que conoce estos hechos y, por lo tanto, relativiza la locura del protagonista en la medida en que existe la posibilidad esotérica de creer lo que se sugiere (capacidad premonitoria, viajes en el tiempos, etc).
Otro ejemplo de tratamiento del tema de la locura en el cine lo constituye la película de culto del inclasificable Samuel Fuller “Corredor sin retorno ” (Shock corridor, 1963). Se trata de una película que aborda la locura y las alucinaciones directamente, sin tapujos; muestra las aberraciones mentales más extremas; existen momentos en la obra difíciles de ver por su dureza o estridencia (los gritos como expresión máxima de la locura desaforada). El argumento es simple: un periodista ambicioso se interna voluntariamente en un manicomio fingiendo una atracción incestuosa para desenmascarar a un asesino internado allí. Poco a poco la convivencia con el resto de enfermos y los desproporcionados tratamientos de médicos y enfermeros provocan serios desequilibrios mentales al protagonista justo cuando había averiguado quién era el asesino.
Creo que los principales aciertos de la película son el tratamiento formal y visual de las alucinaciones y la crudeza con que se muestran distintas patologías mentales extremas. No obstante, quizá este último hecho obliga a ofrecer en poco tiempo un catálogo de desequilibrios extremos que es seguramente poco verosímil (realmente merecería estudiarse a los locos representados en la película: jamás se había visto trastornos y alucinaciones tan “originales”).
Desde otro punto de vista, “Alguien voló sobre el nido del cuco” (Milos Forman, 1975) también se desarrolla en un hospital psiquiátrico. Aquí, sin embargo, el objetivo es relativizar los conceptos de locura y cordura, normalidad y anormalidad; e incluso se puede interpretar políticamente: los individuos inconformistas son los “anormales” y, por tanto, son marginados y silenciados por el poder para no contagiar al resto de individuos sanos. El inconformismo, aquí, está encarnado por McMurphy, curiosamente el cuerdo más loco de todo el manicomio. La proverbial escena final del “mudo” Jefe Escoba escapando después de arrojar la pesada fuente arrancada del suelo deja lugar a la esperanza después de la marginación-lobotomía a la que es sometido el protagonista al tratar de rebelar al resto de locos-inconformistas.
Como es sabido Milos Forman adaptó magistralmente la no menos genial novela del excéntrico Ken Kesey (para más información sobre Kesey es imprescindible el libro "Ponche de ácido lisérgico" de Tom Wolfe) , el cual, como el
protagonista de la película comentada anteriormente, también se internó voluntariamente para conocer de primera mano los anticuados y agresivos métodos empleados en los psiquiátricos de finales de los años 50 y principios de los 60. Dos de los más impactantes eran el electro-shock y, especialmente, la lobotomía. Si a esto añadimos que gran parte de la obra fue concebida y parida bajo los efectos del ácido comprenderemos mejor las lisérgicas pero no menos completas descripciones de los efectos del shock y la medicación: son memorables las reiteradas secuencias de la niebla que parece que se contagia al lector cuando lee estos pasajes.
Otra pelícla que aborda el tema de la locura (o que se desarrola en hospitales psiquiátricos) es "De repente el último verano" (1959) de Joseph L. Mankiewicz, adaptada de una obra de Tenesse Williams y protagonizada nada más y nada menos que por Katherine Hepburn, Montgomery Clyff y Elizabeth Taylor. Aquí de nuevo se aborda la monstruosidad que supone la lobotomía. También es inolvidable la secuencia en la que Katherine Hepburn baja por un ascensor sentada en una butaca de aires principescos con un semblante que ejemplifica perfectamente un estado mental perturbado.
No es mi intención analizar en profundidad todos los filmes que han tratado este tema, abundantes y muy variados. A modo ilustrativo, propongo una lista con algunos títulos que se me vienen a la cabeza, aunque en ella se observarán ejemplos que no se ciñen exclusivamente al tratamiento de las perturbaciones mentales: también tienen cabida ejemplos de filmes protagonizados por personajes con algún tipo de tara psicológica o patología mental; en este caso las incluyo porque el protagonista y su enfermedad son el tema central de la película. En primer lugar
destaco “Olvídate de mí” (“Eternal sunshine of the spotless mind”, Michel Gondry, 2004), la que considero una de las mejores películas del cine independiente actual (no en vano el guión está firmado por el siempre imaginativo Charlie Kaufman –“Cómo ser John Malkovich”-), protagonizada por un extrañamente poco histriónico Jim Carrey y una camaleónica Kate Winslet. En ella la extraña amnesia que padecen los protagonistas es fruto del uso de futuristas técnicas neuro-psicológicas e informáticas. Otras pelis con aspectos interesantes son: “Mad love” (película más comercial pero que aborda el tema de la esquizofrenia asociada a la rebeldía juvenil), “Shine” (Geoeffry Rush ganó un Oscar por su genial interpretación de un pianista judío que enloquece al interpretar una pieza imposible de Rachmaninov), "Rain man" (donde Dustin Hoffman borda su papel de autista entrañable)y, por supuesto, "El resplandor", quizá la película que contiene los gestos más estremecedoramente locos de un actor (recuérdese la proverbial persecuación de Jack Nicholson con el hacha).
Finalmente quiero hacer mención de un actor que ha realizado numerosos papeles de "loco" o excéntrico: Dennis Hopper; su título más emblemático es "Terciopelo azul" de David Lynch (otro director muy interesado en mostrar excentricidades, las cuales abundan en la mítica serie "Twin Peaks"). Tampoco desmerece nada su papel en "Apocalipsis Now" de Francis Ford Coppola, aunque el "loco" extrañamente lúcido y carismático (es un filósofo del horror) interpretado por Marlon Brando es lo que ha quedado en la retina de todos los espectadores que han gozado de esta obra maestra.
Para terminar, emplazo a los interesados para un próximo capítulo de cine y locura, donde intentaré hablar también de algunos libros básicos que abordan este tema.
Se aceptan sugerencias y comentarios para ampliar la lista de pelis que tratan este tema...
J. RAMÓN
